Carta sobre el abuso de autoridad en S.L.P.

HOLA A TODOS !

ESTO ES PARA TODA LAS PERSONAS QUE ASISTIERON AL EVENTO EN LA CASA OCUPA Y AL RETIRARSE DEL LUGAR POR PRESENCIA POLICIACA NO SABE LO QUE PASO DESPUES.
CEREZAPOP COLECTIVO SE UNE AL ESFUERZO Y APOYA INCONDISIONALMENTE A "Pablo Rodríguez Hernández" QUIEN FUE GOLPEADO POR EL GORILISMO DE LAS SEGURIDAD PUBLICA DE SAN LUIS POTOSI.

ESTO NOS DEMUESTRA QUE DEBEMOS CONTRAATACAR ESTE TIPO DE ACCIONES Y NOS AYUDA A PREGUNTARNOS ¿ DONDE SE ENCUENTRA LA VERDADERA INSEGURIDAD DEL ESTADO? ¿EN LOS DELINCUENTES O EN LOS MISMOS SERVIDORES PUBLICOS?

" LA VIOLENCIA RADICA EN LAS SEGURIDAD PUBLICA DEL ESTADO, BASTA DE GORILISMO Y PREPOTENCIA CON LA GENTE QUE DE VERDAD SE ESFUERZA POR TENER SABIDURIA, CONOCIMIENTO Y UNA PREPARACION UNIVERSITARIA"



Esta es la reseña de los hechos !


A la Sociedad Civil

A la Comunidad Estudiantil

A la Otra Campaña

A la Organizaciones, Comités, Asociaciones y Comisiones de Derechos Humanos

A todos los jóvenes de San Luis Potosí

Al Pueblo de México



Mi nombre es Pablo Rodríguez Hernández, soy estudiante de licenciatura en Antropología de la UASLP, soy profesor de preparatoria y presido una asociación civil de carácter artístico. El motivo de mi carta es denunciar los hechos ocurridos el día 22 de agosto del año en curso, durante una exposición que se llevaba a cabo en el domicilio de nuestra asociación.



En la exposición se presentaría un documental acerca del graffiti y cerraría con la participación de dos agrupaciones musicales del género denominado hip hop. Al lugar habían acudido gente de otras ciudades, músicos y artistas; la entrada era libre y no se vendía alcohol; de la misma forma en la propaganda del evento se especificaba: "No marcadores, no mochilas, no drogas". Los asistentes excedieron la capacidad del lugar, motivo por el cual, se decidió cerrar la entrada y un pequeño grupo de jóvenes se quedó fuera del lugar.



La policía llegó y solicitaron hablar con algún organizador del evento, en ese momento yo me encontraba probando el equipo de audio, pues apenas iba a comenzar la proyección del documental. Cuando acudí a la entrada, algunos jóvenes que se percataron de la presencia policiaca querían salir del lugar, por lo que se encontraban concentrados en el estrecho pasillo de la entrada, empujándose por querer salir. Esto generó un ambiente tenso, por lo cual hicimos una formación para que los asistentes salieran y así tratar de que la situación no se saliera de control.



Los asistentes, al salir, eran revisados por agentes de la policía municipal y estatal; al ver que algunos eran detenidos comenzaron a gritar: "se los están llevando", por lo cual muchos jóvenes ya no quisieron salir. Ya cuando pude acercarme a la puerta, los policías comenzaron a decirle a los jóvenes: "Han de salir todos de allí cabrones. Ahora si van a valer verga". Cerramos la entrada y tratamos de calmar a los asistentes.



Debido a que me encuentro haciendo una investigación para mi tesis de licenciatura acerca del Estado y su relación con la juventud en la actualidad, traía conmigo mi equipo de video y fotográfico para documentar mi trabajo de campo y comencé tomando fotografías. Repentinamente, los policías violentamente abrieron una ventana y lanzaron gas contra todas las personas al interior, lo que comenzó un caos que afortunadamente no terminó en alguna tragedia.



En medio de la confusión, un grupo de unos ocho agentes de la policía estatal irrumpieron al interior de maneta violenta; un par de ellos portaban capuchas y con su arma de fuera encañonaban a todo aquél que veían, mientras los otros sacaban a todos de la casa mientras los empujaban, insultaban, golpeaban e incluso les robaban su celular, sin que los jóvenes asistentes siquiera respondieran a las agresiones. De igual forma, pateaban las puertas y rompían vidrios, así como destruían parte de la obra plástica que se encontraba en la casa.



Después, a los últimos en quedarnos nos formaron en el patio en calidad de detenidos y comenzaron a sacar a unos cuantos para subirlos a las patrullas de la policía municipal. Cuando me llevaban hacia afuera con las manos sobre la cabeza, un oficial gritó: "A ese apártamelo, llévalo para atrás"; inmediatamente fui apartado de los demás y llevado hasta el cuarto del fondo de la casa, entonces, el policía que había dado esa orden me gritó: "tú eres del FAO" –refiriéndose al movimiento opositor a la Minera San Xavier- y me abofeteó provocando se me cayeran mis gafas. Cuando me agaché a recogerlos me dieron una patada en la espalda, me dijeron "¿en dónde está la cámara que traías, te sientes muy verga, ahorita si estás tú solo?", me agarraron entre dos policías y me golpearon en los testículos como cinco veces hasta que me dejaron tirado del dolor. Luego volvieron a ponerme de pie y me obligaron a buscar mi cámara fotográfica que se había caído al piso. Mientras la levantaba me pateaban las piernas y las nalgas y cuando logré ponerme de pie me siguieron abofeteándome y me despojaron de mi mochila donde traía equipo para documentar el evento como parte de mi trabajo de campo y no me fue devuelto. De igual forma me quitaron la cartera, sacando mis identificaciones personales y facturas de parte de nuestro equipo de sonido y regresándomela totalmente vacía.



Después fui llevado a una patrulla y esposado mientras la policía sacaba todo el equipo de sonido y otros aparatos electrodomésticos para la proyección del documental diciendo que todo estaba confiscado. Los detenidos fuimos puestos a disposición de la policía municipal. Justo en el momento que sacaban las bocinas, algunos compañeros de la asociación llegaron al lugar reclamando a los oficiales lo que evidenciaban al momento. También llegó mi madre al lugar buscándome.



Cuando me vieron esposado y golpeado en la patrulla trataron de bajarme, por lo cual los oficiales a cargo de la unidad procedieron a trasladarme, arrancando rápidamente; mi madre al ver la acción, se lanzó hacia la patrulla y se subió a ella. La única oficial mujer abordo se abalanzó contra mi madre sometiéndola de manera innecesaria y la asfixiaba presionando su cuello con el pie. Mi madre le pedía que la dejara respirar y la oficial presionaba más fuerte diciéndole: "Usted se subió señora, eso le pasa por metiche", otro oficial le decía: "Pinche vieja de mierda, eres una pendeja por metiche", luego dejaron de asfixiarla y la pusieron al lado de nosotros.



Nos trasladaron a 24 detenidos a la Comandancia Sur de la Policía Municipal bajo el cargo de "disturbio". Pagamos la fianza de todos con los fondos de nuestra asociación y lo que se habían llevado confiscado no nos fue devuelto; únicamente se nos entregaron las bocinas puesto era lo de mayor volumen y más notorio de llevar.



Esto es lo que nos ocurrió realizando un evento cultural. Nosotros no tenemos armas, no somos un verdadero peligro ni somos criminales, únicamente buscamos foros de expresión en situación desigual debido al estigma que cargamos como jóvenes. Aparte de la crisis que nos toca vivir, de una realidad de oportunidades limitadas, subempleo mal remunerado, desprotección a la salud, falta de educación y, en ocasiones, de vivienda, se nos reprime y segrega y no obstante, se nos trata de la peor manera.



La inseguridad de todo joven, claro por no ser hijos de ricos, la vivimos cotidianamente con estas personas a cargo de la seguridad, demuestran la ineptitud de las corporaciones policíacas defensoras de un poder ilegítimo que gestiona la crisis y de sus procedimientos que aplastan los derechos humanos con prepotencia e impunidad. Exigimos justicia: la destitución de los policías prepotentes a cargo del operativo y también nos sea devuelto lo robado y pagado el material destruido, ya que nuestros objetivos son totalmente artísticos y de fines culturales totalmente pacíficos.



Yo espero que esto sirva que alcancemos a darnos cuenta de la realidad y tomemos conciencia acerca de la situación, que desarrollemos acciones para la transformación social, que cada día es más urgente y hagamos de los golpes recibidos razón de existir y motivo para seguir luchando con mayor fortaleza, haciendo de nuestra cultura un verdadero movimiento político que nos permita reconstruir el poder en nuestros espacios y recobrar la dignidad.



Hoy más que nunca, seguimos puño en alto.

Grafiti y procomún de Aitor Méndez

Hola ... !
Algunos maestros me recomendaron la pagina www.foroalfa.org donde aparecen una gran cantidad de articulos sobre diseño grafico y otras disciplinas que estudian el mensaje y su forma de proyeccion espero se puedan suscribirse ... aqui les dejo un ensayo de AITOR MENDEZ espero lo disfruten....

Grafiti y procomún

Para comprender el sentido político del grafiti y el stencil, cabe distinguir la diferencia entre unas señales de apariencia política pero exclusivamente cosméticas, elaboradas desde el ámbito del diseño, y las auténticas expresiones del movimiento social.

Recientemente he leído el artículo "Branding in the street", de Vik Arrieta, sobre la asimilación del grafiti por el entorno comercial. Su constatación es cotidiana y evidente. No necesita más explicación. Son en este caso los diseñadores que dándose cuenta de la relevancia que el medio tiene en el ámbito social se lanzan a su explotación.

Llama la atención que en el texto no haya ningún juicio crítico sobre este fenómeno, llegando a adoptar un tono complaciente y acabando en una exaltación del la manipulación.

El grafiti surge como el único medio posible para visibilizar la incontenible producción simbólica de ciertos sectores sociales sin recursos. Jóvenes cuyo ocio se desarrolla en las calles, que aprovechan el espacio visual de uso cotidiano para comunicar su mera presencia (léase la tradicional tendencia al tag) o, en posteriores desarrollos, para expresar reivindicaciones vetadas en otros medios de comunicación dirigidos por los poderes dominantes.

En otras palabras. La producción simbólica en este sector de la población es inevitable (sí, la producción cultural es un fenómeno universal, no exclusivo de la industria) y su única salida posible es la calle.

No olvidemos que la calle es un espacio procomún. No es un espacio libre, sin dueño, en el que cualquiera puede intervenir. Es un espacio regulado para que pueda ser utilizado por todos bajo ciertas normas. La invasión del procomún por los chavales para dar rienda suelta a sus incontinencias tribales me parece saludable pero el uso de las calles con fines comerciales me parece un quebrantamiento de la norma inaceptable.

El artículo de Arrieta acaba con esta perla de la exaltación neoliberal, en el que el potencial comercial justifica todo.

«Quizás los diseñadores estén tomando conciencia de la real importancia que cobra su oficio y su vocación por comunicar en forma bella; por lo que han decidido resignificar su rol en la cadena de la producción de consumos y dar un paso al frente, demostrando el dominio que tienen de los códigos urbanos y su capacidad de marcar».

La publicidad y el ámbito de la comunicación en el entorno comercial está poseído de uno de los más altos índices de charlatanería.1 Esta situación se agrava al añadir la impúdica intención que anida en los diseñadores gráficos de abusar indiscriminadamente de su control del medio. Ahora el procomún, el espacio de todos, ya no es utilizado para la transmisión cultural popular, sino para «producir consumo» y «marcar».

El texto viene a ser una justificación más de la práctica publicitaria desde la publicidad.

Respecto al artículo «El stencil en Buenos Aires» de Daniel Wolkowicz, diré que parece una serie de intuiciones más bien poco rigurosas que una explicación de una práctica polifacética, con distintas dinámicas, distintas lógicas, lógicas excluyentes, como corresponde a un fenómeno complejo.

Wolkowicz pretende dar una explicación política basándose en cuestiones formales (en el lenguaje) y en cuestiones metodológicas (clandestinidad y espontaneidad) e incurre en el clásico error de confundir causalidad con correlación. En este caso, más allá, causa y efecto. Cito:

«Desde siempre el graffiti fue y es un lenguaje, que por sus características formales y tecnológicas condicionó el mensaje. La espontaneidad del aerosol y la clandestinidad de la pintada callejera, determinaron que su significado se asociara por forma y contenido a situaciones ocultas, políticas, anárquicas, de tribu, salvajes, herméticas, satíricas o de denuncia».

Explicar la naturaleza política del stencil requiere situarlo en su contexto económico y social.
Vayamos con lo social

No es el lenguaje ni la clandestinidad lo que determina el contenido político de la acción callejera. Podría ser más bien al contrario. El mensaje político puede transmitirse mejor con cierto tipo de lenguaje. Pero lo relevante en este caso no es el lenguaje sino un medio que puede ser intervenido con independencia de los poderes dominantes. Esta independencia de las jerarquías se transforma en autonomía expresiva, porque no existe regulación institucional que condicione el mensaje. Es entonces cuando (hablando en un sentido memético) los mensajes que pueden estar vetados en otros medios encuentran un entorno propicio para proliferar. Acuérdense de McLuhan: es el medio el que condiciona las estructuras sociales. Es el medio el que permite o no la politización del mensaje.
Vayamos con lo económico

La proliferacción del grafiti, el stencil y todas sus ramificaciones se explican contextualizándolas en el terreno de la economía de la atención. Explicar ahora el fenómeno no ha lugar. Diré sólo que uno de los bienes escasos que regulan la concurrencia del mercado en una economía de bienes inmateriales (hablamos de capitalismo cognitivo) es la atención. La atención es un bien escaso porque las personas tenemos un límite. Podemos prestar atención a un número limitado de cosas, mientras que las ideas pueden distribuirse ad aeternum sin desgaste.

Siendo la atención el objeto codiciado por todos, desde empresas hasta grafiteros de base, las calles se revalorizan por su condición de escaparate, y lo que antes fue colonizado por un grupo sin más posibles que la ocupación del procomún es ahora invadido también por instituciones diversas de distintas formas.

Por ejemplo, el «street-artista» Zevs2, al igual que Banksy, interviene logotipos, el espacio público de carácter comercial, en una acción transgresora de la norma y fuertemente crítica con la sociedad de consumo mientras, al mismo tiempo, traslada sus acciones al ámbito más ferozmente comercial de la galería con la sencilla técnica de pintar en un lienzo lo que ha pintado por las calles. Esta dinámica (captar atención en las calles = prestigio en la galería) es la que finalmente persiguen los diseñadores de los que habla Arrieta.

Otros como Noaz prefieren mantener una dicotomía hermética entre su trabajo en las calles, irreprochable desde la ética, y su trabajo como publicista, irreprochable desde el negocio. Sus dos mundos no se relacionan pero poseen lógicas excluyentes.

Al final, el grupo de los desposeídos, los grafiteros del tedioso y clásico tag son los que han legitimado el medio para su intervención. La permisividad social hacia este sector ha permitido confundir su necesidad de producción simbólica con la necesidad de las empresas de rentabilizar un importante espacio de visibilidad en una economía de la atención.

Esta segunda hornada de diseñadores y empresas que pretende un uso comercial del espacio público ha adoptado, desde un punto de vista formal, el lenguaje reivindicativo con fuerte connotación política que en un principio portaba el grafiti, pero desprovisto del mensaje original. Esta reificación estética desactiva por completo sus pretensionas sociales. Ya hemos visto que el carácter político es indisociable de la independencia institucional y la autonomía expresiva, así que, cuando el grafiti depende del mercado ¿dónde queda?